<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-927290010930358588</id><updated>2012-02-16T13:30:28.135+01:00</updated><category term='Uno'/><category term='Cinco'/><category term='Dos'/><category term='Tres'/><category term='Cuatro'/><title type='text'>Tu rostro</title><subtitle type='html'>por partes</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>David R.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_3ehw44_bfMU/SYK1jEQ4ofI/AAAAAAAAAGA/rrLLNkiVgKo/S220/fotoblog.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>5</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-927290010930358588.post-5899531039182196590</id><published>2008-11-05T16:02:00.017+01:00</published><updated>2010-04-06T20:53:34.988+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cinco'/><title type='text'>Cinco</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lee antes los anteriores capítulos:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/uno.html"&gt;Primer capítulo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/dos.html"&gt;Segundo capítulo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/tres.html"&gt;Tercer capítulo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/cuatro.html"&gt;Cuarto capítulo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;En el camino de vuelta Serge también estornudó, y luego yo, después él de nuevo y finalmente yo por tres veces, muy seguidas estas tres últimas, notando siempre que cada estornudo no era suficiente y que necesitaba sacarlo del todo, ese picor, al menos una vez más. También lo sentí así con el último, que debió ser penúltimo, pero el picor se desvaneció abandonándome con una sensación molesta, tanto o más que el propio picor.&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;Ya en mi portal Serge se despedía, yo carraspeaba con el gesto cruzado y él volvía a estornudar para gruñir su hasta mañana entre toses. Se conoce que el estornudo único de Odette, pudoroso y casi cándido, había sido suficiente para contagiar el mal ligero que ahora incubaba en nuestros organismos, aún ignorantes. Era lo lógico: bastante tenía yo con intentar reaccionar desde mi inicial acongojo como para prestar atenciones a posibles alertas víricas, peligros absolutamente inconcebibles en la persona mística e idealizada de Odette, aquella que incluso estornudando es capaz de regalar música a mis oídos.&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;Como bien recoge cualquier tratado de Historia de la Música, después de las armonías lúdicas de Mozart, las tan emotivas de Beethoven, las densas de Brahms o las aún más cargadas de Mahler, antes o después había de llegar la ruptura, el estruendo, la insolencia y la disonancia: Serge y yo compusimos durante el regreso nuestro particular manifiesto dodecafonista, armonizando atonalmente estornudos, toses y carraspeos, y demostrando que idénticos instrumentos pueden resolver en resultados contrapuestos: del dulce estornudo al desagradable estornudo.&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;Durante los días siguientes -¿dos?, ¿tres?, ¡qué pereza recordarlo!- no vi a Serge. Mientras yo ahogaba el escozor con agua y café de máquina, a 40 céntimos en vaso de plástico, él dramatizaba el incordio lo suficiente como para quedarse en casa. Sin necesidad de ningún tipo de contador, fuese digital o analógico, diría que en nuestras conversaciones telefónicas yo seguía tosiendo, estornudando o carraspeando más que él. Ser vago es un talento, y no pienso discutírselo, ni discutirlo con nadie, y el perezoso es un zángano mediocre que se esfuerza. Para ser mayúsculamente Vago, en estricta plenitud de significado, hay que nacer con el don. Yo mismo sería incapaz de yacer en cama días y días alegando que mis doce toses diarias son, realmente, una enfermedad de tres pares de narices.&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;Durante los días que no vi a Serge tampoco supe más de Odette. Con Serge, al menos, podía hablar por teléfono de tanto en cuanto. De Odette no me hablaba ni la pared endeble de mi cuarto. Y Serge, con tanto tiempo que perder y tan pocas ganas de hacer, tuvo tiempo para pensar (más tarde me lo confesaría y me diría) en ella y en mí y en los dos y en los tres, y para probar combinaciones mentales: qué papel tiene cada uno en esta historia, qué debería hacer (yo), qué debería proponer (él), y qué es lo que me pasa.&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;Qué me va a pasar... ¡Que Odette me ha pegado este constipado de caballo! Y es con esta locuaz e intrascendente naturalidad como al final llegué efectivamente a dejarla deambular por mis pensamientos más banales, y con esto vengo a decir que con esa naturalidad la estaba convirtiendo en uno más entre quién sabe cuántos recuerdos irrelevantes y quién sabe cuántas conexiones neuronales, siempre deambulando entre olvidos y de tanto en cuando saliendo para aflorar en algún vago recuerdo, incluso a menudo sólo como absurdo apoyo a algún pensamiento fugaz y pronto abandonado, que poco o nada solía tener que ver con ella.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;Como en todo aquello que necesita y vive de sucesivos y espaciados momentos de clímax, puedo recordar ahora con nitidez inusual que justo antes de cada uno de los instantes en que llegué a coincidir con Odette yo atravesaba idénticas etapas de dejadez natural (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;aquella &lt;/span&gt;naturalidad) hacia su recuerdo, de regreso a las exigencias de la rutina y la vulgaridad, y de casi olvido de lo fuera de lo común y lo especial: ésto era ella.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/927290010930358588-5899531039182196590?l=turostroporpartes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/feeds/5899531039182196590/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=927290010930358588&amp;postID=5899531039182196590' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/5899531039182196590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/5899531039182196590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/11/cinco.html' title='Cinco'/><author><name>David R.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_3ehw44_bfMU/SYK1jEQ4ofI/AAAAAAAAAGA/rrLLNkiVgKo/S220/fotoblog.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-927290010930358588.post-930265094959339644</id><published>2008-10-20T20:25:00.020+02:00</published><updated>2010-04-06T14:36:44.726+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuatro'/><title type='text'>Cuatro</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lee antes los anteriores capítulos:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/uno.html"&gt;Primer capítulo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/dos.html"&gt;Segundo capítulo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/tres.html"&gt;Tercer capítulo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;En verdad no estaba listo para conocer a Odette íntegramente, la necesitaba por fascículos tras la oferta de lanzamiento de aquella noche desde su lado de la pared, o quizá debería conceder ahora, desde esta distancia cómoda y fácil y por lo tanto ventajista, que es probable que tampoco la necesitase en aquel momento concreto, habían pasado varios día ya desde que su voz se me presentase despidiéndose ella de su intruso interlocutor, y el fulgor noctámbulo del soul había decaído gradualmente a un tímido y respetuoso ritmo de batería, tranquilo y controlado. La curiosidad nerviosa de los primeros días era ahora un interés secundario en el orden del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún así la sola mención de su nombre servía para recuperar un bien conocido sentir de inestabilidad en mi pulso mental, que no podía admitir ni reconocer de puertas hacia fuera (ahora no me apetecía contárselo siquiera a Serge) y que me reafirmaba en mi discurso: no estoy listo para conocerla del todo, ya irá dibujándose por partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo peor de un plan como el tuyo es que no es plan y que por no ser plan, por eso precisamente, fallará justo cuando más jode, que suele ser bien cerca del final: habrás conocido su voz y sus orejas y su nariz y a lo mejor sus cabellos, sus pómulos, sus pestañas o sus cejas, y cuando ya solamente estés esperando a conocer el color de su mirada descubrirás que se ha ido y que ahora dice tonterías desde el otro lado de la pared de cualquier otro en cualquier otra parte de la ciudad, o directamente en otra ciudad, o directamente sin pared de por medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquiera podría haberme avisado así, pero era Serge el que hablaba, porque aunque a mí no me apetecía contárselo ni siquiera a él, finalmente así lo hice, como bien sabía que finalmente haría por más que me había repetido a mí mismo: todo esto es una tontería, olvídalo.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Cuando Serge sacaba a colación la cuestión Odette –así la había bautizado– el tímido, respetuoso, tranquilo y controlado ritmo de batería se volvía de nuevo una caótica pelea de voces, graznidos y cacareos varios, entre apoyos de trompetas y guitarras a medio camino entre un compás inestable y la definitiva ruptura, con alma de soul y cuerpo de negra culona. Volvían los nervios y la letra de mi canción rezaba porque Serge cambiase de tema. Pedírselo expresamente era inútil porque poco caso me haría, si realmente un tema era de su interés andarse con evasivas servía de poco con él y podía seguir machacando horas y horas en busca de respuestas, datos o simples sensaciones que él percibía y recogía hábilmente entre negaciones, rostros girados, silencios, mal disimulados monosílabos e incluso a veces bien fingidas cortesías.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Yo hacía tiempo que sabía que con él ocultar, disimular o incluso disfrazar la verdad eran tácticas estériles y vanos esfuerzos, pero su compañía aún así o quizá precisamente por eso me era siempre grata, y el juego incluso cuando yo no estaba de ánimo para tonterías se me volvía inevitable y necesario, aún desde la pereza. Era casi ya una tradición. Y para quienes en ese instante nos observasen eramos dos amigos en incoherente tensión amistosa, él ocupando algo más de lo que su asiento le ofrecía y yo un poquito menos de lo que él me permitiría abarcar en el mío, así que el equilibrio era justo y adecuado.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;-Oh, no, no, noooo.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Maybe you’re crazy&lt;/span&gt;, me envolvían Serge (ahora ausente, su atención desperdigada en a saber cuántos focos) y la negra culona desde el hilo musical, en improbable dueto.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;-¡Oh, no!&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Como en una secuencia sin gracia de alguna comedia estúpida que jamás habríamos pagado por ir a ver, la tapa de una alcantarilla situada (torpe decisión de guionista novato en el género) en el centro exacto de nuestro carril (acera repleta a nuestra derecha, otro autobús a ritmo calmo a nuestra izquierda, imposible esquivarla) se elevó lo suficiente para dejar asomar el gesto imposible y sucio de un obrero desorientado, repentinamente cegado por la luz del mundo exterior al mundo de las cloacas del que emergía, oteando ahora cual animal del subsuelo perdido y buscando algo de información visual: ¿dónde estoy? Todo ésto os lo cuento yo, a quien no cegaba el sol porque simplemente estaba ciego en plenitud, es decir, en aquel tiempo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;era &lt;/span&gt;ciego.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En el minúsculo espacio de tiempo en que todo ocurrió Serge acertó a seguir contando: En un envidiable (y admirable) alarde de reflejos, el operario supo dejarse caer a tiempo de evitar la desgracia (la suya desde luego) y se vio de nuevo en el fondo del alcantarillado, quizá sumergido o sentado sobre aguas fecales. Antes de que el autobús se llevara por delante entre música de frenos la tapa de alcantarilla, el hombre ya se había soltado y en lo que él caía el bus perdía el control de su dirección y acababa por cruzarse con estrépito de lado a lado de la calle para golpear de refilón (casi un culatazo, o un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;culazo&lt;/span&gt;) a una furgoneta no demasiado grande pero anchota, arrogante y con arrestos: no se hizo demasiado daño. Tampoco el bus. Ni nosotros, a bordo.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Aún así nos tocó quedarnos un rato por allí, parafernalias, aunque Serge no se había hecho absolutamente nada y yo solamente tenía un par de rasguños y no veía, pero esto último no era cosa del accidente, claro. Llegaron las asistencias, la policía, decenas de curiosos y algún fotógrafo espabilado que conseguía la foto oportuna para las páginas de Local del diario de mañana.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;-¿Ustedes dos están bien?&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Oh, no.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Odette.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;-Sí, vaya, qué le voy a decir, chica, mejor aquí que trabajando. Hoy que tenemos excusa... -Serge estaba encantado. Me había contado el espectáculo en directo como buenamente fue capaz, sobre la marcha; más tarde me relataría lo que ya era un suceso con mayor calma y detalle.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Mientras que Serge respondía, en el fondo del alcantarillado el obrero acaso seguiría sentado, todavía asustado, y las aguas correrían nauseabundas (espesas) entre sus tobillos y entre sus pantorrillas, sus nalgas empezarían a doler por el prolongado apoyo, cada una aplastada contra el suelo -pero él no estaría como para darse cuenta de eso todavía.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Odette estornudó entonces. Yo, que ya era la figura pasmada de un bufón que se ha quedado sin palabra, pasé a convertirme directamente en el payaso mudo del que hacen chanza todos y cada uno de los gags de la función. ¿Están bien?, había preguntado ella, y yo la había reconocido, era Odette, eran la voz y la boca de Odette. Y ahora era ya un poquito más: era también su estornudo y su nariz.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;-¿Cómo sabe mi nombre?&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Mi gesto tenía fáciles pero diferentes lecturas para Odette y para Serge: Para ella yo sería un usuario más del transporte público, recién accidentado y por lo tanto todavía aturdido, incluso asustado como el operario en el fondo de las cloacas con el agua nauseabunda (espesa) entre sus tobillos y sus pantorillas; para ella yo mostraba la misma cara de bobo que el niño que acaba de estampar su bicicleta contra el escaparate de la zapatería; para el clarividente Serge todo se había traducido en cambio en una verdad única: mi estupor delataba a la muchacha que nos atendía, ella era Odette, ¡así de sencillo!&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;-No se preocupe, atienda a otros, Odette, nosotros estamos bien.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;-¿Cómo sabe mi nombre?&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Serge nunca era inoportuno realmente, ya que si lo era o eso parecía a ojos de los demás, era en verdad por su propia y bien consciente decisión, y siendo así es innegable que él marcaba su oportunidad o, aún es más, oportunismo; ¿cómo podía por lo tanto ser inoportuno cuando él precisamente quería decir o hacer aquello para conseguir a causa un efecto concreto?&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;-Mi amigo le conoce.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero a mí me pareció jodidamente inoportuno, y estúpido.&lt;/p&gt;        &lt;p class="MsoNormal"&gt;-¡Odette! ¡No te entretengas! -gritó alguien que no era Serge, jodidamente oportuno. O ahora pienso que quizá todo lo contrario.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;Como si fuese un llamado mágico, y tras un silencio de valor musical interminable (una redonda en un segundo movimiento: un Largo casi sibilino, taimado), escuché sus pasos que marchaban a atender a otras personas, que no sabían de su nombre ni de su boca, ni de su nariz, como ahora yo bien sabía.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/927290010930358588-930265094959339644?l=turostroporpartes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/feeds/930265094959339644/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=927290010930358588&amp;postID=930265094959339644' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/930265094959339644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/930265094959339644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/cuatro.html' title='Cuatro'/><author><name>David R.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_3ehw44_bfMU/SYK1jEQ4ofI/AAAAAAAAAGA/rrLLNkiVgKo/S220/fotoblog.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-927290010930358588.post-7861626168279099462</id><published>2008-10-13T16:13:00.004+02:00</published><updated>2010-04-05T20:34:55.294+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tres'/><title type='text'>Tres</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lee antes los anteriores capítulos:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/uno.html"&gt;Primer capítulo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/dos.html"&gt;Segundo capítulo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Durante los siete meses que pasé prisionero conocí a un chico al que le ocurrió exactamente lo mismo que a ti. Se levantó una mañana en el barracón, nos miró a todos y nos dimos cuenta de que más bien estaba buscando algo que mirar. Algo que llevarse a la vista, así lo definió Marcel, hazte  cargo, todos pasábamos un hambre de tres pares de narices allí, así que tendrás que perdonarle la expresión. Aunque no sé como habrás de perdonar algo a alguien que ni siquiera conoces. No importa, en cualquier caso, aquel chico, no recuerdo ni su nombre, puso cara de susto, de pánico más bien, cuando se dio cuenta de que no podía llevarse nada a la vista. Al principio no teníamos claro qué ocurría así que cuando le notamos el gesto de miedo algunos miramos detrás, deprisa. Quién sabía qué podría estar viendo, lo que era claro es que no nos miraba a nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que hablaba era Serge, y si había de hacer caso a sus relatos eran muchos los países en los que pasó meses prisionero, variables cautiverios de semanas unas veces o de largos meses otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero no, ya te digo, lo que pasaba es que él sí intentaba mirar, pero ya no veía. Se había quedado ciego de repente. Gritó, y gritó y empezó a  manotear en el aire, pero nada, chico. Le limpiamos la cara, no tenía legañas, nada de suciedad, ni irritación siquiera, los ojos parecían normales a simple vista. Aún así le limpiamos a conciencia. Pero nada, chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serge padecía de sobrepeso hasta extremos prácticamente épicos, y sin embargo dios o la impredecible Naturaleza (si no son lo mismo) le había dotado de una agilidad incomprensible en un cuerpo de esas dimensiones. No era difícil verle llegar tarde a su cita matutina con el autobús y conseguir subirse con un último sprint y dos acompasados saltos de gacela elefantiásica. Incluso los transeúntes que habían podido verle más de una vez en esta circunstancia seguían sorprendiéndose, como si acostumbrarse a un ballet de rinocerontes fuese un imposible. El autobús, al sentirle caer tan grácil como pesado sobre su superficie, se dolía y vencía peligrosamente hacia ese lado, pero Serge pronto se colocaba en el centro, echaba la mano a una de las agarraderas y el vehículo seguía su camino recuperándose entre quejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vista, Serge no se aparecía como alguien agradable, menos aún higiénico. No solía esforzarse demasiado en sonreir, seguramente no creía que fuese necesario para él o tal vez no la considerase hermosa, atrayente o al menos apacible para los demás, así que por un motivo o (tal vez) por el otro se ahorraba el esfuerzo. Además, su hiperbólica obesidad le provocaba un nivel de sudoración tal que en días de invierno no era descabellado hablar de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;líquido&lt;/span&gt;; en periodo estival sus amigos habían asimilado que el chubasquero les ponía en ridículo bajo el sol seco e inmisericorde de Madrid, así que más valía asumirlo y dejarlo estar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a las apariencias, Serge era agradable e higiénico, y realmente simpático, y aquellos que habíamos logrado sumergirnos más allá de la sudada superficie conocíamos con detalle sus chistes a la hora del almuerzo, sus monedas sueltas y musicales entrechocando en los bolsillos (siempre listas para pagar el café de cualquier compañero), y su obsesivo esmero y enfermizo detalle al cepillarse los dientes tras cada ingesta: el almuerzo, el café y todo lo demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que yo recuerde, nunca le &lt;span style="font-style: italic;"&gt;conocí&lt;/span&gt;, refiriéndome aquí a la primera vez, haya o no presentación formal; en verdad crecimos en contacto casi permanente e intuyo que, de habernos conocido de algún modo concreto y destacado, debió ser en ese difuso tiempo infantil del que uno nunca recuerda nada, yo al menos. Ya de pequeños él era más ágil y certero en movimientos, aunque de tanto en cuanto rompía macetas, destrozaba el papel de las paredes o se ganaba el rapapolvo de turno por este o aquel destrozo. Su volumen ya era desproporcionado. Yo me contentaba con cumplir con la media: de peso, de altura, de velocidad  o de inteligencia, sin exigencias pero sin reseñables limitaciones. Sólo había un concreto, destacado y reseñable detalle: Entre todos los chicos normales del barrio, yo era el único amigo del Gran Serge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él seguía contándome.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo último que supe de él allí es que seguía sin ver, pero se había convertido en una celebridad, prácticamente. El pájaro supo sacarle provecho, chico. Todos le pedían consejo, aunque fuese para auténticas estupideces. Ya me dirás tú que demonios sabía aquel tipo de mecánica, por ejemplo. Pero los demás le pedían consejo, ya ves tú. Él era feliz y de alguna manera inexplicable sus consejos funcionaban. Casi siempre, al menos. Supongo que no fue más que una inusual racha de buena suerte. Mejor hubiera hecho en aprovecharla con las cartas. Ahora que lo recuerdo para contártelo, pienso en él durante esos días (aunque en verdad sólo sé de esos días por lo que llegaron a contarme) y me entran ganas de conocer cómo salió del paso cuando se le pasó la racha, porque antes o después le tuvo que pasar. Él tuvo la suya y de veras que debió ser larga según me dijeron, pero tal como la tienes se te revuelve y te jode. No recuerdo cómo se llamaba. Chico, ¡qué memoria la mía! Da igual. La cosa es que él también se quedó ciego de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tras esa "cosa" Serge calló. Lo cierto es que yo que conozco la historia (aunque él siga contándome versiones varias como si no supiese que sé perfectamente la verdad) sí puedo contar que Serge estuvo realmente prisionero en Japón, pero pocos saben que él no fue allí por la guerra; simplemente &lt;span style="font-style: italic;"&gt;pasaba por allí&lt;/span&gt;. Nadie sabe que pintaba en Japón en días tan inoportunos (nunca fue ni será tan sarcástico el adjetivo), sólo él conoce los  motivos que le llevaron allí y a pasar los peores meses de su vida,  que finalizaron prácticamente con la visión de aviones militares norteamericanos destrozando sin necesidad de mayor puntería a base de bombazos el mismo complejo en el que él se encontraba prisionero. Salvó el pellejo de milagro, es decir gracias a dios o a la impredecible Naturaleza, que son lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo Serge fue, también, quien primero me aconsejó, de modo tan práctico (y aparentemente sencillo), que cuando volviera a casa caminase apenas unos metros más y me plantase ante la puerta contigua: Un par de golpes en la madera y desvelar así mi misterio vecino. Pero yo no estaba preparado para ver a Odette, no aún, le dije. Apenas sí he entrevisto una pequeña porción de su rostro, un mínimo cuadro rojo o azul en un lienzo de Mondrian (no, el azul no), enigmático pero insuficiente todavía, no puedo plantarme ya ante la puerta contigua y ante ella sin saber lo que pretendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él sabía antes ya de aconsejarme que yo no haría caso y no esperó al "no aún": Asiéndome sin esfuerzo por los sobacos me izó a la escalerilla del autobús y seguido noté el golpe brutal bajo mis pies (el mismo que notaron todos los pasajeros y el conductor, y más que nadie el propio autobús): Los dos estábamos a bordo. Durante el viaje siguió preguntándome acerca de Odette.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/927290010930358588-7861626168279099462?l=turostroporpartes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/feeds/7861626168279099462/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=927290010930358588&amp;postID=7861626168279099462' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/7861626168279099462'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/7861626168279099462'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/tres.html' title='Tres'/><author><name>David R.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_3ehw44_bfMU/SYK1jEQ4ofI/AAAAAAAAAGA/rrLLNkiVgKo/S220/fotoblog.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-927290010930358588.post-5665652982954832924</id><published>2008-10-08T23:14:00.003+02:00</published><updated>2010-04-06T14:11:44.793+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dos'/><title type='text'>Dos</title><content type='html'>&lt;a href="http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/uno.html"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Lee antes aquí el primer capítulo!&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;No volví a saber nada de Odette hasta no pocos días después, y en la espera yo imaginaba que más pronto que tarde tenía que suceder que ella pasase por su lado de la pared o parase a descansar o a recoger esto o aquello o que  apareciese porque sí (porque no hace falta motivo para estar en la propia casa de uno). Pero su hasta mañana tan dulce fue en verdad un hasta dentro de unos cuantos días, no pocos, y también la incertidumbre: porque uno nunca sabe cuántos días hasta que han pasado.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Y mi primera parte de su rostro se fue apagando en mi retina, en algún punto entre el blanco y el negro, aunque nunca en un punto medio exacto, y mi recién estrenada ceguera recobró su protagonismo, que apenas sí había tenido sólo por unas horas en su primer día. Yo era un nuevo ciego jovial, meritoriamente cabal y consciente de la relatividad de mi tragedia, y todo esto a la de unos pocos días, si bien ahora, con el tiempo consumido, entiendo ese mérito como una reacción inconsciente razonable sólo en motivos irracionales, impulsivos, algo así (y tan estúpido) como escudos lanzados al aire para interceptar flechas al vuelo. Ahora soy infinitamente más quejoso y manipulador. Dónde va a parar.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Yo fui el primer invidente que caminó por la Gran Vía (y por cualquier parte, supongo) con auriculares y el volumen al máximo, ajeno a la banda sonora del mundo, atendiendo a la voz rota de Dylan, que siempre debe escucharse como lo que es: un grito, su canto en segundo plano no tiene sentido.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Con un globo de agua entre mis manos prefería parar la música, guardar los auriculares y esperar: Entonces necesitaba escuchar el bullicio madrileño y aislarlo para localizar el sonido único de un motor que se acercaba y de repente ya estaba aquí y justo ahí lanzaba yo el globo, un poco al buen tuntún. Claro que rara vez acertaba, pero esto hacía más deliciosa cada diana, y cuando el globo estallaba en mis tímpanos contra la chapa del vehículo, sin esperar a recibir el frenazo, me apresuraba a recolocar los auriculares, buscar el play con la yema del dedo (el índice en la mano izquierda) y recuperar a Blondie o a Simon y Garfunkel, o a B. B. King y Eric Clapton a dúo: Y yo seguía mi camino,&lt;span style="font-style: italic;"&gt; riding with the King&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Más divetimentos. Detenerme con afectado gesto de desorientación y desamparo en el centro exacto de la carretera, a ser posible sobre un paso de cebra. El blanco intermitente en el asfalto se dibujaba como una suerte de subrayado en el perfecto escenario esbozado en mi lastrada retina, que jugaba a lo que podía: imaginar. Los coches, claro, se paraban y nadie se atrevía a apremiar a ese pobre chico desvalido, maldito ciego, a ver si se decide, en qué dirección. Pobres imbéciles, el enredo además de retrasarles les incomodaba y su indecisión se hacía tangible a mi alrededor, podía olerla y sentirla y tocarla, incluseo la veía, como si un runrún de voces que en verdad no existían pintase en clave expresionista el nerviosismo de todos ellos, de cada uno. Y luego, por fin, alguien en tercera o cuarta fila, siempre sucedía así, hacía sonar su claxon, finalmente cansado de esperar.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Era entonces cuando yo me volvía buscando al impaciente y levantaba furibundo mi bastón, apuntando justo allí donde la bocina me había llamado. Era entonces cuando un silencio abrumado, cargado de vergüenza, convertía el lugar en una suerte de cápsula espacial, un escenario de ciencia-ficción en el que yo, a través de la punta de mi bastón, tenía el poder. Así que volvía a interpretar al cieguito desorientado y desamparado, aunque ahora ese cieguito estaba de muy mala leche y movía dubitativamente el bastón buscando al posible culpable, y yo no variaba un ápice mi gesto tenso, nervioso y adornado en la interpretación con todo tipo de tics, sucio truco de actor de segunda que siempre funciona cuando de interpretar a psicópatas, maníacos o dementes se trata. Nunca he entendido por qué son esos actores los que a la postre acaparan todos los premios y parabienes.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Ya en casa a menudo llegaba también el silencio, pero era otro silencio, y si alguien lo rompía era el vecino de arriba, o el de abajo, nunca Odette. A veces era yo mismo, acompañándome las horas sin sueño con Chuck Berry, nunca he sido de dormirme con canciones tranquilas, prefiero un ritmo de baile que me excita cuando estoy pleno de energía y paradójicamente también sabe  anestesiarme hasta dormir cuando estoy cansado (como acaso aquel día Odette: hasta mañana).&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sin su rostro, su parte, mi habitación también se convirtió en un barato escenario de ciencia-ficción, pero allí yo no tenía el poder o al menos mi bastón había perdido toda capacidad especial o poder. Y no creáis que no lo probé. Una cualquiera de las noches, de pie en el centro exacto de la estancia, punto medio entre pared y pared, giré ágil bailando apenas sobre la punta de mis pies para clavar enseguida los talones y levantar el bastón en perfecto cierre de esa coreografía que conocía tan bien, la punta al frente buscando agresiva un posible culpable o acaso un atisbo, un resquicio, aunque sea un poquito de poder. Pero no pasaba nada, y al final opté por bajar el bastón para evitar terminar con un calambre en el brazo.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Había olvidado parar la música, noté enseguida, y el nuevo soul anulaba toda opción de silencio, de escenario perfecto. Soy tan despistado que olvidé que estaba sonando, aunque ya no podía olvidar que estaba ciego.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;Sí noté que estaba cansado y preferí tumbarme e intentar dormir. No volví a repetir ninguna prueba como aquella, ningún otro día.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/927290010930358588-5665652982954832924?l=turostroporpartes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/feeds/5665652982954832924/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=927290010930358588&amp;postID=5665652982954832924' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/5665652982954832924'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/5665652982954832924'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/dos.html' title='Dos'/><author><name>David R.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_3ehw44_bfMU/SYK1jEQ4ofI/AAAAAAAAAGA/rrLLNkiVgKo/S220/fotoblog.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-927290010930358588.post-5317731489966192227</id><published>2008-10-07T20:32:00.007+02:00</published><updated>2010-04-06T14:53:15.117+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Uno'/><title type='text'>Uno</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;Soy tan despistado que el día que me quedé ciego al principio no me di cuenta. A las siete menos cinco sonó el despertador, el único amigo cuya puntualidad odiamos, con esos estúpidos cinco minutos de adelanto que en realidad son un pobre regalo para nuestra pereza, para refugiarnos en la esquina opuesta de la cama, escuálida prórroga que de poco sirve antes de afrontar entre legañas y tropiezos el pasillo, camino a la ducha. Claro que aquella mañana de junio los tropiezos fueron más y las legañas poco relevantes. Al principio caminaba sin ver que no veía, bajar de la cama era un gesto de autómata, y las eses en el pasillo casi estaban marcadas sobre el parqué. Muchas otras mañanas he caminado sin apenas abrir los ojos, atisbando la sombra desenfocada de mis propias pestañas como única referencia, así que sin demasiado decoro excuso así mi despiste.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Quizá debí darme cuenta al chocar de bruces contra la puerta del cuarto de baño. Por una vez en mi vida se conoce que dejé la puerta cerrada la noche anterior, quizá incluso la tapa del váter estuviera decorosamente bajada. En cualquier caso hasta el más sonámbulo abre los ojos cuando estampa la nariz contra la madera, pero permitidme que siga excusándome: Por mucho que uno no vea, no es demasiado ilógico que preste más atención al dolor, sobre todo si el choque ha sido especialmente violento. Aunque no recuerdo exactamente si lo fue.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Eché de menos mi vista ya debajo del agua, que por las mañanas caliente asfixia y fría directamente golpea, casi acuchilla, antes de desperezar. Bajo una o bajo otra, uno abre los ojos como si el blanco refulgir de los azulejos pudiera asistirle en algún modo insospechado. Lo cierto es que dejar pasar desde el despertar aunque sólo sea unos minutos convierte la ducha de una necesidad a un despabilamiento agradable, que uno acomete casi por gusto y, sin embargo, a pesar de ésto, continuamos (yo al menos, pero en la cotidinía de lo que para mí ya es un hecho me resulta cómodo extrapolarlo a mis vecinos y mis conciudadanos y aún es más compatriotas o en resumen el mundo entero) metiéndonos invariablemente a la ducha recién levantados, con muchas de nuestras funciones vitales aún en letargo.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero esta mañana en concreto no pude siquiera implorar la insospechada ayuda del blanco refulgir de los azulejos; tampoco me la hubieran servido, pero no pude llegar a constatar lo que por otra parte uno ya sabe aunque aún continúe medio dormido. En su lugar, me asistieron la incertidumbre y la sorpresa, primas hermanas y a veces incluso hermanas siamesas, y una mancha incierta entre blanca y negra pero jamás gris, y lejos de cualquier término medio sin ser ni blanca realmente ni negra del todo. Igual que había pasado por alto la ceguera durante mi primer minuto despierto, olvidaba ahora que el agua todavía golpeteaba como indignada mi rostro y mis hombros (y ya no más allá, de mis hombros para abajo tenía que contentarse con llegar resbalando, cada vez más dispera, olvidada ya, parecía, esa indignación que emanaba aún fresca del grifo). No es lo mismo, lo sé, pero reconocedme que al menos son más motivos para la excusa.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Por eso cuando el casero llegó a auxiliarme me encontró tan desnudo como confuso sobre el parqué del pasillo, habiendo dejado un largo garabato de gotas de agua a mi paso, dibujando el caos de mi paseo desquiciado, como el de quien busca absurdamente: quién sabe si en una de estas me doy la vuelta y me encuentro con mi vista. Le había llamado por teléfono entre gritos y preguntas sin sentido alguno (no gramatical, desde luego) y no sé muy bien por qué le elegí a él y no a cualquier otro. En realidad, si debo justificar la decisión, he de decir que no elegí en atención a la identidad de quien al otro lado descolgaría el teléfono, simplemente una vez ante el aparato la primera combinación que mis dedos encontraron (de cuantas residen en mi memoria y pugnaban por salir en este instante en que se las necestiaba) fue, sencillamente, esa, y si he de señalar la razón detrás del motivo, recordaré que era ese el último número que la noche anterior había tenido que marcar -por motivos que aquí no vienen al caso.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;La histeria no me duró mucho tiempo pero sí el suficiente como para desesperar también a mi casero, que acabó por marcharse para pedir a otros que se encargaran del desaguisado, que no era tanto yo mismo como el escándalo que estaba montando. Cada cual tiene sus preocupaciones, y a las siete de la mañana no despertar a ninguno de los vecinos seguía siendo una prioridad para él, por encima de mis recién estrenados nuevos problemas. Para cuando llegaron los demás, no recuerdo si primero la ambulancia y luego los vecinos o tal vez primero ellos y después la ambulancia o prácticamente ambos a un tiempo, yo ya había asimilado mi condición de nuevo ciego, intranquilo y aún desconcertado pero ya casi calmado al menos.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Luego llegaron los análisis y los silencios que yo traducía en gestos graves, miradas de preocupación y labios apretados; el blanco refulgir ahora en los azulejos del hospital que tampoco me asistían, yo no los veía, pero que no me ayudaron es un hecho; las palabras que no conseguían llegar a tener sentido en mi cabeza, aunque sí gramatical: “una enfermedad degenerativa”, pero nada había degenerado en mí, había llegado por sorpresa, tanto que yo no me había dado cuenta al principio y zigzagueé por el pasillo y sólo ya bajo el grifo de la ducha noté que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;algo &lt;/span&gt;faltaba. Degenerar es tan diferente, es levantarse y atravesar recto y exacto el pasillo, hacerlo en eses mañana y caerme al intentarlo pasado, o pasar por una sospechosa fase de saludo forzado antes de acabar por retirarle a alguien la palabra. A mi dejaron de hablarme sin previo aviso, iba tan recto y caí de sopetón al piso.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Ellos vieron tan normal mi misterio, es decir, en verdad lo observaban como un no-misterio tan relajadamente, que esa misma noche ya estaba en casa, en cama y despierto, y fuera sonaba un acordeón que cada noche de las anteriores había oído pero no escuchado. El aburrimiento abría camino a pensamientos de todo tipo y también me obligaba a entretenerme con supersticiones cuando los razonamientos más pretendidamente lógicos ya se me agotaban, así que imaginaba que el acordeonista y vagabundo bajo mi ventana, o sólo acordeonista, o sólo vagabundo, quizá hubiese pactado con fuerzas oscuras mi presente desgracia para obligarme, ahora que mi vista ya no podía centrar todas las atenciones de mi cerebro, a atender a mis otros sentidos. Así, ahora estaría condenado (el matiz infernal, como de brujería negra, que adquiría aquí la palabra me venía que ni pintado) a escuchar lo que hasta entonces solamente oía. Luego me indignaba conmigo mismo (qué cruel enfadarse con un minusválido) y me obligaba a abandonar estas novelescas elucubraciones.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero innegable era que el vagabundo o acordeonista o vagabundo acordeonista seguía allí abajo haciendo sonar su acordeón y no podía hacer más que seguir escuchando, a ratos quizá imaginando cómo sería (nunca antes le había visto y ahora me daba perfecta cuenta de que tampoco nunca antes me había parado a pensar cómo sería), si vestía quizá un jersey de cuello alto con el que proteger la garganta del frío de la noche parisina, de lana negra para ceder así todo protagonismo al blanco refulgir de las teclas del instrumento (brillantes bajo la luz amarilla de las farolas, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;ese &lt;/span&gt;amarillo, intentaba recordar). En verdad no hacía tanto frío como para vestir abrigo o cazadora o siquiera una chaqueta, un jersey negro y de cuello alto cumpliría esa noche más de lo necesario e incluso pudiera ser que cayera una fina película de sudor por su frente ancha pero tan echada encima de sus cejas, trazando en las arrugas horizontales desviaciones y afluentes que cruzarían al ritmo del esfuerzo de la interpretación, del baile de sus hombros, de las exigencias de la pieza.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Si escuchaba con mayor atención, si intentaba multiplicar mi atención, unos metros más allá del acordeón no pocas voces me dibujaban un gentío azul, porque como el día es difuso y variante, la noche siempre es azul aunque la luz de las farolas insista en escanciar sobre el lienzo, como sin criterio ni verdadero empeño, decenas de pequeños puntitos amarillos, y aunque en esta pelea consiga al menos que en las fotografías la noche entera se disfrace  con un intermedio tono anaranjado. Fue el mismo día en que perdí la vista que una ambulancia cruzó mi calle, y su sirena era azul, aunque la luz fuese naranja; pero no era para mí.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;El acordeón paró y lo noté. Al instante. Las voces se habían girado para ver pasar la ambulancia, me daban ahora la espalda, todas ellas. Luego con pereza volvieron a sus posiciones y la calle recuperó su ritmo y su música (y el acordeón), y esa música (y ese acordeón) y el murmullo volvieron a mi cama, todos ellos. Detrás, a través de las cuatro paredes de mi habitación o al menos algunas o alguna de ellas, la música era otra, no eran voces ni murmullos ni gentío, ni era azul, ni era un acordeón ni realmente música alguna. Empecé a prestar mi atención a esa pared, en verdad sólo una de las cuatro, empecé a atender a lo que podía &lt;span style="font-style: italic;"&gt;escuchar &lt;/span&gt;detrás: Una voz única, quién sabe si al teléfono, apenas audible desde mi lado de la pared pero lo suficiente para sentirla dulce y repentinamente protagonista.&lt;/p&gt;        &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pronto entró otra voz, pero sólo era un adiós y un nombre, Odette, hasta mañana Odette. Sí, hasta mañana, contesté, y ella también respondió aunque no a mí, sino lógicamente al nuevo interlocutor (para mí ya intruso), pero aún así su respuesta me anestesiaba desde su lado de la pared, tan dulce. Su boca no era azul, no tenía sentido, el azul de la noche es frío y su boca es cálida (pero no asfixia ni siquiera recién despertado). (Realmente no podía saberlo ya que era ésta la primera vez que la escuchaba y no acababa de despertarme, aunque así me sintiera.) Desde su lado de la pared su adiós llegó tan dulce.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;El mismo día que perdí la vista conocí a Odette, su rostro, una primera parte.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/927290010930358588-5317731489966192227?l=turostroporpartes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/feeds/5317731489966192227/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=927290010930358588&amp;postID=5317731489966192227' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/5317731489966192227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/927290010930358588/posts/default/5317731489966192227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://turostroporpartes.blogspot.com/2008/10/uno.html' title='Uno'/><author><name>David R.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_3ehw44_bfMU/SYK1jEQ4ofI/AAAAAAAAAGA/rrLLNkiVgKo/S220/fotoblog.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
